Evolucion de la deuda externa global

14 05 2013

deuda externa

 

Por Gladys Cecilia Hernández Pedraza.

CADTM

 

 

El tema de la deuda externa hoy trasciende los marcos del mundo subdesarrollado, por lo que resulta indispensable abordar la estructura de la deuda global actual.

La crisis económica global ha desatado la espiral en los volúmenes de deuda pública global, tanto en términos absolutos como relativos, en relación al PIB. Los niveles de deuda pública neta agregada |1| en el mundo se han incrementado de 23 millones de millones de dólares en 2007 a más de 34 millones de millones de dólares en 2010. Las previsiones de FMI indican que esta deuda puede alcanzar los 48 millones de millones de dólares en 2015. Asimismo, la proporción de la deuda pública global con relación al PIB se incrementó de 44% en 2007 a 59% en 2010, y se espera que llegue al 65% en 2015. (IMF, 2010)

Estos niveles de la deuda crecientes resultan altamente riesgosos para la estabilidad fiscal y macroeconómica y también implican una transferencia de los costos y riesgos del endeudamiento a través de varias generaciones. En las propias estadísticas del FMI se revela que los países desarrollados son responsables, en mayor medida que el resto de los países del planeta, por este peligroso incremento de deuda pública global, con lo cual están comprometiendo su futuro y el del resto de los países que se encuentran vinculados a sus economías a través de las incontables interrelaciones económicas y financieras que la globalización ha creado.

Los impactos negativos de este fenómeno ya afectan a las sociedades, no sólo en el Tercer Mundo, sino también en los países desarrollados. El descontento y la frustración se constatan en las múltiples manifestaciones de protesta que se observan en las principales economías del sistema capitalista. La respuesta dada por las autoridades nacionales a la crisis, empleando las recurridas recetas del FMI, sólo ha agudizado las de por sí ya depauperadas condiciones de vida de millones de personas a lo largo del planeta.

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Las causas de la crisis: las finanzas y la tasa de ganancia

14 05 2013

HOYO

Por Alan Freeman

Las causas profundas de la crisis económica actual son: en primer lugar, la enorme polarización de las rentas que se ha ido produciendo en Estados Unidos a partir de los años 1960 y que alcanzó su máxima expresión en estos primeros años del siglo XXI. En segundo lugar, también en Estados Unidos: la desregulación de la banca mediante la anulación, a mediados de  los años 1980, de la ley Glass-Steagall Act que se había establecido precisamente después de la gran crisis de 1929 y durante la Gran Depresión para disminuir    el excesivo poder de la Banca y proteger los ahorros de la población. Es menester analizar estas causas para prever consecuencias y soluciones.

En 2005, en Estados Unidos, el 1% de la población tenía el 28% de toda la renta del país, una concentración de la renta (24%) semejante a la que existía a mediados de los años 1920, antes de que explotara la Gran Depresión del siglo XX. A partir de entonces, las medidas tomadas por la Administración Roosevelt antes y durante la II Guerra Mundial, tuvieron un impacto redistributivo muy importante, de manera que, cuando la guerra terminó, tal concentración descendió. La renta de los ricos (el 1% de la población) bajó al 12%, descenso que continuó hasta finales de los años 1970.
Durante este periodo, la clase trabajadora era fuerte y había impuesto al mundo empresarial la necesidad de pactar no sólo el nivel salarial sino también las condiciones de trabajo y, a través de su influencia política, la expansión del estado del bienestar y la distribución de la renta nacional, aplicando políticas redistributivas que disminuyeron las desigualdades.
Así, desde 1949 a 1979, el incremento de las rentas (facilitado por el aumento de la productividad) se distribuyó a todos los sectores de la población de manera que el incremento de la renta por cada decila de la población fue bastante semejante, con las decilas inferiores creciendo algo más (116%) que las decilas superiores (99%)*. Las políticas económicas eran intervencionistas con un carácter keynesiano claro. Incluso el presidente republicano Richard Nixon se definió como keynesiano.
La clase trabajadora había adquirido gran poder. Y como siempre ocurre, siguió incrementando el nivel de sus demandas. Cuando la clase trabajadora no tiene trabajo (al tener un desempleo alto) quiere tener trabajo. Cuando lo tiene, quiere tener buenos salarios y unas buenas condiciones de trabajo, y cuando alcanza esto último, quiere tener una voz en la decisión de cómo realizar el trabajo y cómo gestionar la empresa.

Este comentario de introduccion es del Profesor Vicenc Navarro.

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Las contradicciones intelectuales del sado – monetarismo

14 05 2013

coins

 

 

Por Paul Krugman

Nobel de Economia 2008

 

 

Me he dado cuenta que Stockman, y muchos otros, son
la última encarnación del sadomonetarismo, de la necesidad de aumentar las tasas, incluso en una economía profundamente deprimida. Se trata de un largo linaje que se remonta al menos a la advertencia de Schumpeter
de que el dinero fácil dejaría “parte del trabajo de las depresiones sin hacer” y
a los ataques de Hayek contra la “creación de demanda artificial”.
!Nada debe hacerse para aliviar el dolor!
Tengo que admitir que el resurgimiento del sadomonetarismo ha sido
una sorpresa. En las primeras etapas, algunos lectores recordarán, había mucha gente por ejemplo, mi colega David Brooks que defendía que debemos utilizar políticas monetaria en vez de fiscal es para hacer frente a la crisis. La difícil tarea de persuasión,en este caso, parecía ser explicar el límite inferior cero y su importancia, la gran dificultad de conseguir que la política monetaria
actúe de motor y, por tanto, la necesidad de actuar fiscalmente.
Pero ahora que las regañinas sobre el déficit han acabado con las políticas fiscales, la política monetaria también está bajo ataque, y con más vehemencia. Sin embargo, hay algo muy extraño en ese ataque. La visión sadomonetarista
moderna, después de todo,parte de la presunción de que los mercados, dejados a su libre albedrío, lo hacen bien, y que sólo las distorsiones introducidas por los bancos centrales emisores provocan burbujas y crisis . Razón por la que la Reserva Federal (FED) debe poner fin inmediatamente a su
flexibilización cuantitativa.
Pero aquí está el problema: para que una política monetaria laxa provoque
los terribles efectos de las sadomonetaristas predicen, los mercados tienen que equivocarse por completo y reaccionar de forma exagerada a las tasas de interés bajas.

 

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El « Consenso de los Commodities »

14 05 2013

el dragon de al

 

 

Por Maria Stella Svampa

 

 

El Consenso de los Commodities subraya el ingreso de América Latina
en un nuevo orden económico y político-ideológico, sostenido por el
boom de los precios internacionales de las materias primas y los bienes de
consumo demandados cada vez más por los países centrales y las potencias
emergentes. Este orden va consolidando un estilo de desarrollo neoextractivista que genera ventajas comparativas, visibles en el crecimiento económico, al tiempo que produce nuevas asimetrías y conflictos sociales, económicos, ambientales y político-culturales.
Tal conflictividad marca la apertura de un nuevo ciclo de luchas, centrado
en la defensa del territorio y del ambiente, así como en la discusión sobre los
modelos de desarrollo y las fronteras mismas de la democracia.
En el último decenio, América Latina realizó el pasaje del Consenso de Washington, asentado sobre la valorización financiera, al Consenso de los
Commodities, basado en la exportación de bienes primarios en gran escala. En este artículo utilizamos el concepto de commodities en un sentido amplio, como «productos indiferenciados cuyos precios se fijan internacionalmente», o como «productos de fabricación, disponibilidad y demanda mundial, que tienen un rango de precios internacional y no requieren tecnología avanzada para su fabricación y procesamiento»
Ambas definiciones incluyen desde materias primas a granel hasta productos semielaborados o industriales. Para el caso de América Latina, la demanda de
commodities está concentrada en productos alimentarios, como el maíz, la soja y el trigo, así como en hidrocarburos (gas y petróleo), metales y minerales (cobre, oro, plata, estaño, bauxita, zinc, entre otros)

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¿ Pos keynesianos a medio plazo, marxistas clásicos a largo plazo?

14 05 2013

m yk
Por Gérard Duménil, Dominique Lévy

 

 

Fuera de la economía dominante, la noción de falta de demanda en el sentido amplio es ampliamente aceptada. Aunque la mayoría de los economistas heterodoxos comparten este punto de vista en lo que se refiere al corto plazo, las perspectivas difieren con respecto al largo plazo. En la perspectiva marxista clásica, el argumento es que las economías capitalistas gravitan en torno a posiciones a largo plazo (también denominadas equilibrios a largo plazo, evoluciones a largo plazo, o situaciones de estabilidad), en las que el uso de la capacidad productiva puede ser descrito como “normal”, es decir, independiente de los niveles de demanda. La noción de niveles de demanda
estructuralmente deficientes es, obviamente, contraria a este análisis marxista
clásico. En la perspectiva poskeynesiana, la economía también gravita en torno a posiciones a largo plazo, pero la tasa de utilización de la capacidad
productiva depende siempre de los niveles de demanda. Hay también un amplio sector de lo que podría denominarse “keynesianismo marxista”
para el que la falta de demanda no siempre esta definida con precisión, ya sea a corto o largo plazo, a menudo en referencia a un sesgo en la distribución del ingreso a favor de los beneficios.
La presente nota está dedicada a los fundamentos empíricos subyacentes en estas posiciones divergentes. Por nuestra parte, creemos que el carácter ambiguo de la terminología oscurece en buena parte el debate. Nuestra principal conclusión es que, más que una teoría a largo plazo, el campo de enfoque poskeynesiano es el “medio término”. Las situaciones analizadas
por los poskeynesianos se refieren a momentos particulares de la economía agregada que prevalecen durante períodos de 5 o 10 años. El enfoque marxista
clásico describe períodos mucho más largos de tiempo, que abarcan varios de estos momentos a medio plazo, un marco de varias décadas de tiempo. Será necesaria más investigación para comprender las implicaciones teóricas y empíricas de este nuevo enfoque.

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Marx y Polanyi . La posibilidad de un dialogo

14 05 2013

m y p

Por Carlos Fernandez Liria – Luis Alegre Zahonero

Marx y Polanyi no son incompatibles. Al contrario, en un cierto sentido se iluminan mutuamente. Bien es verdad que, en un primer plano, destacan sobre todo los desencuen-tros.
La gran transformación de Karl Polanyi contiene, sin duda, una crítica muy poderosa a Marx, al que acusa de eco-nomicismo, aunque no en el sentido habitual. Por su parte, el universo del marxismo, en general muy propenso al histori-cismo, tampoco podía sentirse muy interesado por una obra
en la que podía leerse que “El hombre es el mismo a lo largo de la historia” (Polanyi, 1989: 422)

.
En defensa de esta afirmación Polanyi evoca el testimo-nio de la antropología. En concreto cita Study of Man de Linton, Patterns of Culture de Ruth Benedict y la obra en general de Malinowski. Pero, efectivamente, se trata de un
tema recurrente en antropología. De ello puede dar una idea el hecho de que en los años setenta, Claude Lévi-Strauss, todavía tuviera que defenderse de las acusaciones marxistas que le reprochaban desentenderse de la historia, con las
siguientes palabras: “Me ocupo de sociedades que no desean que haya his- toria: ésta es su problemática. Ellas no se quieren en un tiempo histórico, sino en un tiempo periódico que se anule a sí mismo, como la alternancia regular del día y la noche. Dicho esto, yo no tengo la actitud negativa que se me asigna frente a la historia” (1976: 101).
O sea: yo no tengo nada contra la historia, son las socie-dades que estudio las que no se sienten cómodas en ella. Para el antropólogo, la historia es una excepción.

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Socialismos y Filosofias

14 05 2013

maradona

Por Mario Bunge

Los plurales que figuran en el título nos recuerdan que hay más de un soci
alismo y más de una filosofía. En efecto, los idearios y movimientos llamados ‘socialistas’ van del socialismo libertario al dictatorial. Con la filosofías ocurre otro tanto: las hay claras y serias como la aristotélica, claras y vacías como la de Wittgenstein, confusas pero con un grano de verdad, como el materialismo
dialéctico, y herméticas y ridículas como el existencialismo.
El título de esta nota plantea un segundo interrogante: ¿qué relación puede haber entre un movimiento político, con su ideología concomitante, y una doctrina que trata de ideas más bien abstractas, como las de ser y devenir,
argumento válido y falacia, conocimiento y error, bien y mal? El liberal clásico y el socialista libertario negarán que haya tal relación, mientras que el
socialista autoritario exigirá la subordinación de la filosofía a su ideología.
El típico profesor de filosofía, que no se arriesga pensando ni actuando, se pronunciará por la neutralidad cuando goce de libertad, y por el partidismo más servil cuando así se lo exija quien le paga. En cambio, el filósofo auténtico, el que prefiere abordar problemas nuevos a enseñar soluciones envejecidas, se atreverá a pensar en la relación entre filosofías y políticas, porque es
un problema tan descuidado como importante para ambos términos de la relación de marras.
Entre nosotros, sólo José Ingenieros se atrevió a abordar este problema: lo hizo en Emilio Boutroux y la filosofía universitaria en Francia (Buenos Aires: Cooperativa Editorial Limitada, 1923). Este libro, que lo convirtió en el precursor mundial de la sociología de la filosofía, apareció al mismo tiempo que emergió la “reacción antipositivista”, encabezada en Buenos Aires por
Coriolano Alberini, discípulo del neohegeliano Giovanni Gentile, colaborador de Mussolini y ministro de su gobierno.

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