La economía y el crecimiento económico

6 04 2012

Por Alberto Garzón Espinosa

 

Decía el catedrático de economía David Anisi que “la actividad económica podría visualizarse (…) como la elaboración y consumo de un gran caldero de sopa: alguien prepara el fuego, otros ponen los ingredientes, aquellos remueven y vigilan la cocción, y una vez condimentada llega la hora del reparto. Unos reciben cucharillas pequeñas, otros cucharas, otros cucharones, aquellos otros cazos, y algunos hasta cubos, para poder retirar del caldero su parte. Y en principio nada hay que relacione de forma necesaria la contribución a la elaboración del caldo con la capacidad del utensilio entregado para poder consumirlo” (Anisi, 1994). Como él mismo indicaba, esta metáfora describe las tres preguntas que la economía debe responder: ¿qué producir?, ¿cómo hacerlo? y ¿para quién esa producción?

Efectivamente, cualquier sociedad organiza su economía para dar una respuesta a esas tres preguntas, y en función de cómo responda a las mismas vivirá en uno u otro sistema económico. En la actualidad vivimos bajo el sistema económico capitalista, que es diferente al sistema económico esclavista, el feudalismo o el comunismo precisamente por las respuestas que ofrece a tales interrogantes. Los primeros economistas en intentar entender el sistema capitalista fueron los autores clásicos (Smith, Ricardo, Malthus, Marx…), que elaboraron los primeros modelos económicos para entender cómo funcionaba una sociedad de tipo capitalista. Desde entonces y durante más de 200 años todos los economistas han usado distintos modelos, con diferentes supuestos todos ellos, con los que se han enfrentado entre sí en una guerra permanente por ofrecer las mejores explicaciones de la realidad y las políticas económicas más adecuadas para la sociedad en su conjunto o para ciertos sectores de ella [1].

Los economistas clásicos estaban preocupados por la distribución entre clases sociales y en cómo afectaba eso al futuro del sistema, es decir, al crecimiento económico. Según ellos se puede distinguir dos clases sociales básicas: capitalistas y trabajadores. Los primeros poseen los medios de producción (las empresas), y los segundos tienen que ofrecerse en el mercado de trabajo a cambio de un salario. Los trabajadores son trabajadores porque no pueden vivir sin “venderse” en el mercado, mientras que los empresarios no tienen necesidad de hacerlo. Este es el punto de partida de los clásicos, que por lo tanto, y en un proceso de abstracción, reducen a las personas a su distinta posición social en el sistema económico.

¿Qué es el crecimiento económico?

El crecimiento económico es el objetivo fundamental del capitalismo, sin el cual éste no puede existir. El crecimiento es técnicamente la ampliación de la capacidad productiva de la sociedad, es decir, la mejora del bienestar material de una sociedad. El crecimiento permite nuevas tecnologías y construir las mismas cosas en menos tiempo, permitiéndonos de ese modo disfrutar de nuevos productos y servicios que hasta entonces no estaban a nuestro alcance. El capitalismo, dado que promueve el crecimiento constantemente, ha sido considerado siempre un sistema económico altamente “positivo” incluso por los marxistas [2].

Pero el crecimiento no es un resultado azaroso sino que depende, ante todo, de la capacidad para reinvertir parte de la producción. Cuando los capitalistas contratan a los trabajadores los incorporan a un proceso de producción por el cual se transforman unos inputs (materias primas) en un output (producción final). Y el valor monetario de esa producción final se llama producción.

Volviendo a un nivel de empresa lo que nos interesa saber es qué contribuye al proceso productivo. Sabemos que los trabajadores participan, pero también que no lo hacen solos sino que utilizan maquinaria puesta por el empresario. Por eso se dice que en un proceso productivo se encuentran conjuntamente el Trabajo (N) y el Capital (K). Por capital hay que entender a toda máquina (o medio de producción) cuyo uso permite obtener un flujo de renta futura [3].

Ahora bien, sabemos que el capitalista es el propietario legal de los medios de producción y del propio trabajador, y por lo tanto es él quien decide qué hacer con esa producción y cómo distribuirla. Una parte de esa producción se dedicará a reponer el capital gastado en el proceso (se llama consumo productivo o depreciación), otra parte se la queda el empresario para sus gustos personales (se llama consumo improductivo) y finalmente otra parte se reinvierte (inversión neta). Esa parte que se reinvierte se dedica para la compra de nuevo capital y para investigar mejores tecnologías. Es precisamente este último componente (la inversión neta) la que determina el grado de crecimiento económico, razón por la cual se considera que la acumulación de capital (inversión neta) es la clave de la disciplina.

Piénsese por ejemplo que un proceso productivo no tuviera inversión neta (acumulación de capital). Hay dos posibilidades. La primera, que tampoco hubiera excedente. Eso quiere decir que todo lo producido se dedicaría a consumo productivo, es decir, a reponer lo gastado y volver a producir de nuevo exactamente igual. La segunda posibilidad es que haya excedente pero que se dedique completamente a consumo improductivo. En ese caso la sociedad produce más de lo que necesita para producir otra vez, pero no dedicaría recursos a la investigación de tecnologías ni a mejorar el proceso productivo, por lo que el siguiente proceso de producción sería también exactamente igual que el anterior. Marx llamó a ambas opciones proceso de reproducción simple, porque permitía a la sociedad subsistir pero no incrementaba la capacidad productiva [4].

Por el contrario, el proceso en el que sí existe inversión neta o acumulación de capital es conocido como reproducción ampliada.

En definitiva, el proceso de crecimiento depende del proceso de acumulación, de forma que el capitalista enfrenta una decisión de tipo “trade-off” (de intercambio de suma cero; tiene que elegir una combinación de ambas opciones) entre reinvertir (acumular) y consumir.

El motor del crecimiento económico

Sabemos que el trabajador entra en el proceso productivo por mera supervivencia, ya que de lo contrario está condenado a la muerte por inanición, pero ¿qué lleva a un capitalista a invertir parte de su riqueza y además hacerlo de forma constante o incluso creciente?

La respuesta es sencilla: el afán de lucro. Los capitalistas invierten parte de su dinero en el proceso productivo porque obtienen una rentabilidad. Eso quiere decir que si introducen en el proceso productivo un total de 1000 euros lo que están buscando es que a la vuelta haya una cantidad de producción en valor monetario superior a 1000 euros. Están buscando una ganancia. Por eso la tasa de ganancia (que mide la proporción de beneficio en relación a la cantidad de inversión) es una variable fundamental de la economía, pues si no es suficientemente alta los capitalistas no invertirán y el proceso productivo entrará en crisis.

Además, los capitalistas no dejan de invertir porque están presionados por la competencia. Si un panadero reinvierte una parte de su excedente y mejora sus medios de producción ello le permitirá hacer el pan más rápido y por lo tanto incluso rebajar el precio por unidad. Si el competidor del panadero no ha hecho lo mismo (reinvertir) estará condenado a la quiebra (asumiendo comportamientos razonables por los consumidores, que preferirán comprar el pan más barato).

Habiendo visto ya la ganancia nos queda por resolver el aspecto salarial. Efectivamente, los trabajadores no morirán porque trabajan y, concretamente, porque reciben un salario a cambio de ese trabajo que les permitirá adquirir los bienes de consumo suficientes. Sabemos que es el capitalista el que determina el nivel de salarios, al menos en ausencia de normativa institucional (leyes de salario mínimo, etc.), pero los economistas clásicos entendían que ese salario tendía hacia un nivel considerado de subsistencia. El salario de subsistencia era aquel que permitía a los trabajadores sobrevivir, y no más, porque al igual que el capitalista quería maximizar su ganancia (y por lo tanto rebajar los salarios) también le interesaba que sus trabajadores no murieran. Las presiones del “ejército industrial de reserva” (término acuñado por Marx), que era el conjunto de trabajadores sin empleo, hacia que el salario se moviera en la dirección de reducirse hasta el nivel de subsistencia. Malthus, Ricardo y Marx, entre otros, discutieron mucho sobre este punto, hasta terminar considerando lo ya apuntado: el salario, en el largo plazo, tiende hacia un nivel fijo.

En cualquier caso interesa volver a la notación del esquema. La producción bruta puede desdoblarse en dos partes: la parte salarial y la parte empresarial. Así, sabiendo que Z son Beneficios Brutos y que W son Salarios, la producción bruta es: X = Z + W. En los beneficios brutos entran los beneficios netos más la depreciación, de modo que si consideramos que R es el beneficio neto y D la depreciación tenemos las siguientes opciones:

X = W + Z;

X = W + (R + D);

Y = X – D;

Y = W + R;

Esto significa que el capitalista enfrenta otro trade-off, esta vez entre la cantidad que dedica a salarios y la cantidad que dedica a beneficios. Si tenemos en cuenta ambos trade-offs lo que concluimos es que el proceso de producción completo está marcado por el siguiente resumen:

El capitalista compra capital (maquinaria), K, y alquila trabajo (trabajadores), N, de modo que en el proceso de producción participan K y N. Los trabajadores utilizan los medios para producir una cantidad mayor de producción final, X. Dado ese valor de producción el empresario tiene que decidir cuánto paga en concepto de salarios, W, y cuánto se queda en concepto de beneficios brutos, Z. Una vez se queda con los beneficios brutos, Z, repone el capital gastado o la depreciación, D, quedándose finalmente con el beneficio neto, R. Y ahora tiene que elegir cuánto dedica a consumo improductivo, Cc (consumo capitalista), y cuánto a inversión, I.

Hasta aquí tenemos ya algunas piezas fundamentales de nuestro modelo (trabajadores y capitalistas) y el motor que hace funcionar al sistema (la tasa de ganancia), es decir, que permite la existencia de crecimiento económico. Ahora veremos cómo los economistas han utilizado estas piezas y otras nuevas para construir sus propios modelos económicos o maquetas de la realidad. Ello nos permitirá entender los modelos actuales y también entender las relaciones que existen entre diferentes conceptos (productividad, coeficiente capital-trabajo, coeficiente output-capital, etc.). En la próxima anotación.

Notas:

[1] Los autores clásicos comienzan con A. Smith, e incluyen a D. Ricardo, T. Malthus, J. S. Mill y K. Marx, lo que los sitúa entre el siglo XVIII y siglo XIX. Antes de ellos ya pensaron sobre economía muchos otros, especialmente los fisiócratas de F. Quesnay, de principios del XVIII. Después de los clásicos llegaron los neoclásicos (L. Walras, A. Marshall, A. Pigou, W. Jevons) de finales del siglo XIX y principios del XX. Con la Gran Depresión llegan las ideas de Keynes y el llamado keynesianismo. Los neoclásicos aceptan parte de la crítica de Keynes y la incorporan a su modelo, con lo que nace la síntesis neoclásica (mediados siglo XX). Durante todo ese tiempo convivirán tres amplias ramas (el marxismo, el poskeynesianismo –que negará la fusión con la teoría neoclásica- y la síntesis neoclásica), de las cuales nacerán más y más ramas.

[2] Marx consideraba que el socialismo era la etapa siguiente al capitalismo, y por lo tanto para llegar al paraíso de los trabajadores era necesario que antes existiera capitalismo y métodos de producción de tipo explotador (donde el capitalista técnicamente explota al trabajador). El desarrollo de las fuerzas productivas llevaría al socialismo, pero sin ese desarrollo sería imposible crear una sociedad sin clases que viviera en condiciones dignas. Marx de hecho consideraba que el socialismo llegaría en la Europa industrial promovido por los obreros industriales. Cuando la revolución llegó en la Rusia zarista, con un sistema económico de tipo feudal y con incipientes estructuras capitalistas, el debate estalló entre los “marxistas legales” (partidarios de industrializar forzosamente primero al país) y los “populistas rusos” (partidarios de “saltarse una etapa”). Este mismo debate se replicó en América Latina, que no había tenido feudalismo en las formas que estudió Marx para Europa, y dio lugar a una separación entre la línea oficial y ortodoxa marxista (y su práctica política en los partidos comunistas) y la línea heterodoxa marxista (y la práctica política de las guerrillas). Esta última línea se conoce como línea neomarxista (Baran, Sweezy etc.) o teoría de la dependencia (Frank, Salama, Fröbel, etc.).

[3] Dos puntualizaciones. En primer lugar lo anterior no quiere decir que participen de la misma manera, ya que para algunas escuelas de pensamiento el capital no crea valor y por lo tanto el único responsable último del crecimiento económico es el trabajador (la teoría laboral del valor, que propugna eso mismo, era mantenida por los economistas clásicos, tanto liberales como marxistas, pero fue rechazada más tarde por los economistas neoclásicos). Y en segundo lugar, hay una unidad de medida para considerar al trabajo (las horas de trabajo o el número de trabajadores) pero no la hay para considerar al capital (ya que es un conjunto heterogéneo de bienes). La “solución” es multiplicar el número de bienes de capital por su precio, pero el problema es que el precio depende asimismo del número de bienes, lo que lleva a un problema lógico en principio irresoluble. A este respecto hay una controversia llamada “Controversia de Cambridge sobre la teoría del capital” cuya resolución fue propuesta por el economista italiano P. Sraffa y que terminaba por demoler los cimientos del pensamiento neoclásico. No obstante, la mayoría de modelos obvian estos problemas y hacen como si no existieran.

[4] Los antropólogos y algunos economistas multidisciplinares han demostrado que las sociedades de cazadores-recolectores, por ejemplo, eran en realidad sociedades de excedente. Eso quiere decir que producían más de lo que necesitaban. La cuestión es que dedicaban esos excedentes a su consumo propio (consumo improductivo) y no a reinvertirlos, pues sus deseos y necesidades estaban limitados y no tenían el impulso de “crecer” (sobre este tema merece la pena leer el completísimo libro de J. M. Naredo “La economía en evolución”).





¿Qué son el dinero y la deuda?

6 04 2012

Por Alberto Garzon Espinoza.

La pregunta ¿qué es el dinero? es probablemente la más enigmática de toda la ciencia económica, e incluso de la sociedad misma. Todas las escuelas de pensamiento económico han intentado dar una respuesta, y nunca se ha llegado a un consenso. Por otra parte, todos los ciudadanos perciben como algo fundamental dar respuesta a ese enigma para poder entender cómo funciona el mundo. Y es que desde nuestra observación cotidiana sabemos que el dinero es poder, pues cuanto más tienes más controlas, y que el dinero es sobre todo lo que nos permite vivir con menos preocupaciones respecto al presente y futuro material. Tanto es así que por internet corren como la pólvora documentales que tratan de abrirse camino entre los interrogantes más fundamentales de la economía y, con mayor o menor éxito y rigor, van moldeando el pensamiento económico de los ciudadanos. Con esta entrada mi intención es contribuir, humildemente, a aclarar algunos elementos que pueden ayudarnos a encontrar esa respuesta y, sobre todo, a comprender cómo funciona el mundo hoy. Porque ese es el paso previo, como dijo un maestro del pensamiento, para transformarlo. La explicación es rigurosa pero no a efectos académicos sino de divulgación. Es decir, el mundo de los pequeños matices queda abandonado.

El dinero visto por los economistas convencionales

Para los economistas convencionales (educados en la teoría económica neoclásica) el dinero no es más que un elemento de intermediación. Para ellos la economía moderna tiene las mismas características que la economía de hace doscientos años o que una economía imaginaria. El dinero, desde este punto de vista, sería un elemento que ayuda a abaratar el costoso proceso del trueque. Se parte de un modelo de sociedad precapitalista, por ejemplo de cazadores-recolectores, en el que los propietarios de ovejas intercambian algunas de ellas por otros productos, por ejemplo caballos, que se necesiten. Para evitar el costoso proceso de llevar las ovejas a un punto determinado, y desde allí traerse los caballos, se establece un bien nuevo llamado dinero. El dinero funcionaría como simple intermediario en un intercambio. Hasta aquí es fácil de imaginar qué es el dinero, dado que corresponde con la visión convencional o de “sentido común”.

Para que los economistas convencionales pudieran usar al dinero en sus análisis económicos se refirieron al concepto dinero como variable exógena, es decir, como una variable que se introduce después de sentar las bases del modelo. Lo que los economistas convencionales dicen es que el dinero es neutral y no importa si se introduce antes o después en el análisis. Para ellos la cantidad de dinero que haya en circulación en una economía está determinada de forma exógena, esto es, por algún agente externo como puede ser el banco central.

De esta concepción del dinero se sacan dos conclusiones importantes. La primera, que el banco central puede imprimir o no dinero, y así hay más o menos. Si se complementa con la llamada teoría cuantitativa del dinero se puede decir que cuanto más se imprima más inflación puede generarse. La segunda y más importante, que para generar actividad económica (inversión) es necesario ahorrar previamente. Esta es la concepción vulgar del ahorro y la inversión, y que se repite una y otra vez. Hay que ahorrar para poder crecer. Sin embargo, esta cuestión no es tan sencilla como parece y como veremos a continuación.

El sistema evoluciona y los bancos también

Los bancos son el elemento pivote del sistema capitalista. Los bancos recogen dinero de los agentes económicos (familias, empresas y Estados) y lo prestan de nuevo a los mismos agentes. En la etapa inicial del capitalismo el sistema estaba repleto de pequeños bancos que hacían perfectamente esta función de mera intermediación. Bajo este sistema si un banco quería prestar dinero para financiar la inversión, antes tenía que encontrar dinero de otro agente. Pero más adelante el sistema financiero va evolucionando, los bancos van concentrándose y adquiriendo funciones nuevas. Y es que el sistema es dinámico y cambia históricamente.

En el origen del dinero toda moneda está construida, o respaldada, por algún metal (oro o plata, por ejemplo). Así, el valor del dinero depende de la cantidad de moneda que contiene o respalda. Más adelante, y como respuesta a que los Estados trucaban la cantidad de metal en cada moneda, el dinero se hace fiduciario porque ya no depende en modo alguno de la cantidad de metal que hay en una economía. Este dinero vale, sencillamente, lo que el Estado dice que vale y lo que los ciudadanos aceptan que vale. No hay ninguna lógica económica detrás del valor del dinero fiduciario, sino única y exclusivamente confianza. Por eso el dinero es en sí mismo una institución social.

La cuestión fundamental es que en el capitalismo más avanzado los bancos también pueden crear dinero. Ese dinero, a diferencia del dinero respaldado por un bien como el oro (llamado dinero metálico) o por la confianza de la ciudadanía (llamado dinero fiduciario), es creado por la demanda de dinero (se llama dinero crediticio). En estas circunstancias la relación ahorro-inversión cambia y ahora es la inversión la que genera el ahorro.

Cómo funciona un banco moderno

En la actualidad los bancos recogen fondos de los agentes económicos, pero también prestan a otros agentes. Por el sistema de reserva fraccionaria, que implica que los bancos sólo tienen la obligación de mantener algo así como un 2% del dinero que se les presta a ellos, los bancos pueden crear dinero. Un ejemplo sencillo. Cuando yo meto dinero en el banco, el banco presta el 98% de ese dinero a otro agente (una empresa, familia o al Estado). Si quiero sacar mi dinero del banco… obviamente no estará disponible, porque está prestado. Pero el banco lo que hará será devolverme el dinero de otra persona o empresa que haya dejado su dinero en el banco también y que no lo quiera sacar por el momento. El sistema funciona, por lo tanto, porque no todo el mundo saca el dinero a la vez. O, dicho de otra forma, el sistema es insolvente por naturaleza.

Esta descripción previa nos puede servir para aclarar cómo funciona un agente económico en términos contables. Como para todo agente, hay un activo y un pasivo en el balance contable. El activo es lo que tenemos, y el pasivo lo que debemos. Cuando somos un banco, los depósitos (el dinero que los clientes tienen en el banco) son parte del pasivo (porque los tenemos que devolver tarde o temprano), y los préstamos que hace el banco van al activo (porque al banco le pertenece el flujo de dinero que genera el préstamo). De forma inversa, los préstamos que reciben los bancos van al pasivo (porque lo debemos como banco, y hay que devolverlo) y los depósitos que tenemos en otros bancos van al activo (porque son nuestros).

Como el sistema se ha hecho más grande y global, ya prácticamente todas las transacciones son simples anotaciones contables y no hay necesidad de transportar monedas y billetes de un lado a otro. Dado que hay pocos bancos y todos están interrelacionados, cuando un banco presta dinero está generado un activo y un pasivo a la vez. Es decir, cuando un banco presta dinero a una empresa apunta en su balance un activo financiero (el préstamo que vamos a cobrar) pero también apunta un pasivo del mismo valor (el dinero que la empresa tiene como depósito en el banco).

Para entenderlo imaginemos la relación entre un banco A y una empresa B. El banco A llama a la puerta de la empresa B y le ofrece un crédito para su actividad económica. La empresa B decide aceptar y entonces firma el crédito. En ese momento el banco A apunta en su activo un crédito (que generará ingresos) y apuntará en su pasivo un depósito (porque es dinero de la empresa). En realidad, el banco ha creado dinero de la nada pero financiará la actividad productiva. Esto podría pasar con un sólo banco o con el sistema bancario en su conjunto (pensemos que los bancos tienen cuentas en otros bancos y también con los bancos centrales directamente).

La deuda crea rentas y sin crédito no hay crecimiento

La conclusión es que los bancos crean dinero y además ese dinero puede estimular la actividad productiva. Es decir, cuando un banco hace un préstamo a una empresa también está generando rentas. Esas rentas serán salarios para trabajadores, y ese salario será lo que compre los productos de otras empresas. Al comprar productos de otras empresas, éstas tendrán beneficios y podrán devolver los préstamos contraídos. Hay que ver el sistema como un circuito. Schumpeter decía que el crédito “crea poder de compra con el propósito de transferirlo al empresario”, y entendía algo que ahora se dice tanto: sin crédito no hay crecimiento.

Este hecho tiene implicaciones claves para la teoría económica. La primera, que el dinero no es neutral y que tiene que ser entendido como variable endógena y no como variable exógena. El dinero lo crean los bancos buscando nuevos espacios de negocio y porque las empresas buscan financiarse. El sistema puede quebrar cuando esas rentas se desvían hacia pura especulación financiera (esto lo han estudiado muy bien los economistas neomarxistas) o porque los procesos de inversión fracasan y se produce un efecto dominó (la hipótesis de la fragilidad financiera de Minsky va en esta línea).

En definitiva, el dinero es un elemento que visto como deuda puede catalizar la producción y la generación de rentas en el capitalismo moderno. Pero en última instancia el dinero es una institución social que depende de la confianza que se tenga en él, mientras que simultáneamente otorga un poder social y económico descomunal a quien lo crea: bancos centrales, bancos privados y recientemente grandes empresas (que crean dinero financiero). Por cierto, ninguna de estas instituciones es pública y democrática.





Las colonias del siglo XXI

6 04 2012

 

 

Por Marcha.ar.

 

 

Entre paraísos fiscales y bases militares, los enclaves coloniales británicos en todo el mundo han sido centro de controversias internacionales. Malvinas podría ser la punta de lanza para la discusión se su situación. Dónde están y cómo funcionan las colonias modernas de la Corona.

De los 16 enclaves coloniales que aún persisten en el mundo, 11 están bajo la órbita del Reino Unido, incluidas nuestras Islas Malvinas. Para los británicos se trata de ‘territorios de ultramar’; según la ONU son ‘territorios no autónomos’ y están en el centro del debate del Comité de Descolonización, creado para resolver los casos de estos ‘países sin gobierno propio’, como los define el artículo 73 de la Carta de las Naciones Unidas en 1946. Además de Malvinas, el Reino Unido administra la economía y las relaciones internacionales de Anguila, a 240 km de Puerto Rico; Bermudas, en el Atlántico Norte; Gibraltar, en la península Ibérica; Islas Caimán, al noroeste de Jamaica; Islas Turcas y Caicos, al norte de Haití; Pitcairn, en la Polinesia; Islas Vírgenes Británicas, al este de Puerto Rico; Montserrat, al sudeste de Puerto Rico; Santa Elena, isla al oeste de la costa africana, y Tokelau, en el Océano Pacífico Sur.

En la mayoría de los casos se trata de pequeños archipiélagos o islas que juntas no llegan a sumar 350.000 habitantes pero que han dado de que hablar en la historia reciente de la potencia colonial. Sin representación parlamentaria, pero con un gobernador elegido por ‘Su Majestad’, estos enclaves coloniales británicos no aportan grandes recursos económicos -al contrario, en muchos casos se convierten en un gasto para la corona-, pero sí se han revelado como estratégicos para negociar con otras potencias -Estados Unidos obtuvo el arriendo de partes de territorios de Bermuda y de las Islas Turcas y Caicos para construir bases militares estratégicas en el Caribe-, y siete de ellos son considerados como paraísos fiscales según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En la mayoría de los casos, el modelo político permite un cogobierno entre un primer ministro, elegido por el voto de los habitantes de la colonia, y un gobernador impuesto por el Reino Unido. Sin embargo, en varias ocasiones este sistema ha fracasado y la balanza se inclinó hacia el lado de los intereses británicos.

Caribe, entre narcotráfico y paraísos fiscales.
En 1985 la noticia del arresto de Norman Saunders, primer ministro de las Islas Turcas y Caicos y su ministro de Desarrollo, Stafford Missick, generó fuertes repercusiones en el Reino Unido. En Miami se lo acusó de recibir 30.000 dólares de agentes encubiertos estadounidenses para que las islas se convirtieran en lugar de tránsito de los aviones que transportaban cocaína desde Colombia hacia Estados Unidos. Fue el punto de partida para una serie de investigaciones que demostraron que las islas se convirtieron en uno de los principales puntos para el transporte del narcotráfico centroamericano. Bajo el mandato del ex gobernador Martin Bourke, en los años ’90 se intensificó el rol de la isla en el comercio de drogas y el laxismo con que las autoridades enfrentaron el problema, causando la irritación de la corona -el excéntrico Bourke llegó a dar todos los detalles a la revista británica Offshore Finance Annual admitiendo no tener ningún plan para contrarrestar el delito-. En esos mismo años, el gobierno compartido entre el gobernador y un primer ministro elegido en elecciones, llegó a hundir los barcos de inmigrantes haitianos que se acercaban a las costas de las islas. Sin embargo, el principal atractivo de las Islas Turcas y Caicos es el extremadamente permisivo sistema tributario, que las convirtieron en una de las sedes favoritas de decenas de miles de empresas offshore. Con siete bancos para una población de 15.000 habitantes, las Islas Turcas y Caicos han profundizado en los últimos años su tendencia a hospedar todo tipo de negocios. A partir de una serie de denuncias de corrupción que envolvieron al ex primer ministro Michael Misick, el Reino Unido dictó una resolución que suspendió la participación de los isleños en el gobierno de la colonia y trasladó todo el poder al gobernador elegido por la reina. Esta actitud provocó la preocupación de los países agrupados en la Comunidad del Caribe (CARICOM), que además de denunciar el “intento de recolonización de las islas”, advirtieron acerca de que “a imposición del gobierno directo contraviene totalmente el desarrollo de las prácticas de buen gobierno, incluida la mejora de la gestión fiscal y administrativa, en las Islas Turcas y Caicos”.
Algo muy parecido es lo que pasa hoy en las Islas Caiman, otro enclave colonial británico que está en la cima del listado de paraísos fiscales junto con Suiza y Luxemburgo. De los más de 270 bancos activos en las islas, sólo 19 están habilitados para operar en las finanzas internas. El resto están dedicados a ofrecer servicios a empresas y particulares extranjeros. A través de una serie de reformas en la legislación de la isla, a partir de la comprobación de casos de lavado de dinero y financiación del narcotráfico, el Reino Unido promovió la circulación de la información fiscal de las islas hacia Londres, estando constantemente al tanto de los grandes movimientos financieros que allí ocurren.
A la lista de enclaves coloniales del Reino Unido considerados como paraísos fiscales, se le suman Anguila, Bermudas, Gibraltar, las Islas Vírgenes Británicas y Montserrat.

Resistencias
Las recientes presentaciones argentinas en diversos foros internacionales acerca de la soberanía de las Islas Malvinas, reavivaron la discusión acerca de la descolonización de los territorios sobre los cuales Gran Bretaña tiene injerencia directa. Sin embargo, son muy pocos los lugares donde haya una real disputa acerca de la soberanía, o existan movimientos que reclamen la independencia. La estrategia de la corona se basa en proclamarse como simple administradora de los intereses económicos de sus colonias, dejando a los residentes cierto margen de libertad política.
Así como en 1982, el Reino Unido planteó la necesidad de recuperar las Malvinas a través de la intervención militar, las fuerzas armadas británicas intervinieron para aplastar los intentos de independencia en otras colonias. En Anguila, en 1969, los paracaídistas ingleses sofocaron la rebelión surgida a partir de un referéndum que declaró a la isla independiente. Dos años más tarde se impuso una constitución que otorgaba cierta autonomía a la isla pero la mantenía bajo el dominio británico.
En las Bermudas, en 1973, el gobernador Richard Sharples y su ayudante de campo fueron asesinados por activistas del Black Beret Cadre, un grupo vinculado a los movimientos del Black Power que se desarrollaron en los años ’70 en el Caribe y Norteamérica. En su declaración, el principal acusado del asesinato, Erskine Durrant “Buck” Burrows, aseguró que el objetivo era “buscar que la población, los negros en particular, tomen conciencia de la maldad y la perversidad del sistema colonial en la isla. En segundo lugar, el motivo era mostrar que estos colonos son personas comunes como nosotros que comen, duermen y mueren como cualquier otra persona y que no necesitamos vivir en el miedo y el temor”. Sin embargo en 1995 el 75% de la población votó en contra de la independencia en un referendum constituido ad hoc.
Junto con Malvinas, Gibraltar es quizás el único territorio que hoy vive una real disputa por la soberanía. El estado español reclama a Gran Bretaña la tenencia del Peñón situado en la punta más austral de la Península Ibérica, aunque las negociaciones, en este momento, han llegado a un punto muerto.
En este contexto, la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas se convierte en el principal escenario en que se lleva a cabo la batalla por la descolonización. Las islas son quizás el único enclave colonial británico con posibilidades de desarrollo desligado del turismo y la especulación financiera. La pesca, la ganadería y la reciente posibilidad de extraer petróleo de las costas de las Malvinas las convierten en la colonia más codiciada de las 11 que hoy sigue manteniendo el Reino Unido. De sostenerse la disputa en los ámbitos internacionales, la resolución podría sentar un precedente histórico para el resto, una posibilidad que la corona no parece querer transitar.





El Problema de la Mega Mineria a gran escala.

6 04 2012

 

Entre los años 1990-1997, mientras la inversión en exploración minera a nivel mundial creció un 90%, en América Latina lo hizo un 400%. En consonancia con ello, durante los años ´90, en la mayor parte de los países latinoamericanos se llevó a cabo una profunda reforma del marco regulatorio para conceder amplios beneficios a las grandes empresas transnacionales que venían operando a escala global.

En Argentina, en el año 1993 se sanciona la Ley de Inversiones Mineras Nº 24.196. Nuestro país ocupa el sexto puesto en el mundo en cuanto a su potencial minero, y los informes consignan que 75% de las áreas atractivas para la minería todavía no han sido sometidas a prospección.

No obstante, pocos argentinos están al tanto de que la actividad minera proyecta extenderse por toda la larga franja cordillerana y precordillerana, desde el norte del país hasta el extremo sur de la Patagonia.   CONTINUA LEYENDO…

 

GRUPO EDITOR DEL NORTE





¿Ha descendido la pobreza en el mundo?

6 04 2012

Por Vicenc Navarro. *

 

 

Hace unas semanas el Banco Mundial publicó una breve nota de prensa de seis páginas, que causó gran impacto. La noticia no era para menos. El Banco Mundial señalaba que, a pesar de la recesión mundial, la pobreza extrema había bajado en el mundo. El título de la nota de prensa lo decía todo “Nuevas Estimaciones Revelan una Disminución de la Pobreza Extrema durante el periodo 2005-2010” (“New Estimates Reveal Drops in Extreme Poverty 2005-2010. World Bank). Ni que decir tiene que los mayores medios de información del mundo occidental, de sensibilidad liberal, ansiosos de buenas noticias, echaron campanas al vuelo. Los mayores diarios y semanarios del mundo publicaron noticias y artículos en lugar prominente, con titulares muy llamativos, anunciando la noticia. El del The New York Times era representativo: “La pobreza mundial desciende a pesar de la recesión económica mundial”. Titulares parecidos aparecieron en los mayores medios. Un tanto semejante ocurrió en la prensa liberal económica, desde el Financial Times al The Economist. Éste último, con la exageración que le caracteriza, señalaba que “por primera vez, el número de pobres desciende en todo el mundo”. Ni que decir tiene que, predeciblemente, los grandes rotativos de España reproducían las noticias con igual alborozo. Leer el resto de esta entrada »





Salario, Precio y Ganancia.

6 04 2012

Grupo Editor del Norte, presenta salario, precio y ganancia, en dos versiones distintas para una mejor comprensión, la interpretación del libro escrito por Karl Marx en 1,865 publicado por primera vez en ingles en 1,898. Y el video explicativo en una versión argentina, este aporte a la teoría económica nos sirve para entender mejor la lógica capitalista.

 

 

 

http://editordelnorte.files.wordpress.com/2012/04/salarioprecio-y-ganancia-edic-april05.pdf





Preguntas y Respuestas sobre la Crisis Mundial.

6 04 2012

 

La creciente complejiza ion de los instrumentos financieros implica cada vez más dificultades a la hora de evaluar las causas, las formas de contagio y los efectos diferenciados de las actuales turbulencias económicas y financieras.
Este articulo se enfoca en algunas de estas interacciones y busca aportar luz sobre la relación entre el sistema financiero y la economía real, la desconexión parcial de los países emergentes de este mundo en crisis, los riesgos actuales y los problemas derivados de las respuestas aplicadas por los gobiernos de la Eurozona.
Pierre Salama, latinoamericanista y profesor de la universidad Paris XIII; fue director científico de la Revue Tier Monde, autor de numerosos libros y artículos.
Grupo Editor del Norte nos complace presentar este trabajo del profesor Salama, quien al referirse a la crisis económica actual que vive el mundo y en esencial Europa, dice:
“A diferencia de la registrada en los años 30, la actual no es una crisis de inversión excesiva en los países avanzados ni una crisis de realización, sino una crisis financiera causada por la desregulación “salvaje” del conjunto de los mercados, y en especial de los mercados financieros y mercado laboral”. Los invitamos a leer este articulo. Haz click AQUI








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