La utopía de la recuperación estadounidense

26 07 2012

Por Nouriel Roubini

 

 

 

Si bien nadie pone en duda el riesgo de una crisis caótica en la eurozona, en el caso de Estados Unidos la visión predominante es más optimista. En los últimos tres años, hubo consenso en torno de que la economía estadounidense estaba en el umbral de una recuperación sólida y autosostenible, que elevaría el crecimiento otra vez por encima del potencial del país. Pero esta visión resultó errada: el arduo proceso de desapalancamiento de los balances (producto del excesivo endeudamiento privado y su posterior traslado al sector público) implica que, en el mejor de los casos, la senda de recuperación discurrirá muchos años por debajo de la línea de tendencia.

Incluso para este año, la opinión consensuada se equivocó al esperar un retorno a un crecimiento anual del PIB superior al 3% (por encima de la línea de tendencia). Por el contrario, en el primer semestre, la tasa de crecimiento parece encaminada a andar cerca del 1,5% en el mejor de los casos; peor incluso que el lastimoso 1,7% de 2011. Y después de equivocarse con el pronóstico para la primera mitad de 2012, todavía muchos repiten el cuentito de que una combinación de abaratamiento del petróleo, incremento de las ventas de automóviles, revalorización de las propiedades y resurgimiento de la industria fabril estadounidense impulsará el crecimiento en la segunda mitad del año y lo elevará por encima del potencial en 2013.

Pero la realidad es todo lo contrario: hay diversas razones por las que en la segunda mitad de 2012 el crecimiento seguirá desacelerándose y en 2013 se reducirá todavía más, casi hasta llegar al punto muerto. La primera es que el crecimiento del segundo trimestre fue inferior al mediocre 1,8% registrado entre enero y marzo, ya que la creación de empleos (a un promedio de 70.000 por mes) cayó abruptamente.

La segunda razón es que el temor a que la economía estadounidense se esté aproximando a un “abismo fiscal” (cuando de aquí a fin de año se produzcan en forma automática aumentos impositivos y reducciones del gasto público) mantendrá el gasto y el crecimiento deprimidos durante la segunda mitad de 2012. Otro tanto hará la incertidumbre respecto de quién será presidente en 2013; cuáles serán las tasas impositivas y los niveles de gasto público; la amenaza de otro “cierre” del gobierno por la cuestión del límite al endeudamiento; y el riesgo de que vuelva a reducirse la calificación de la deuda soberana, si la parálisis política sigue obstaculizando la adopción de un plan de consolidación fiscal en el mediano plazo. En semejantes condiciones, la mayoría de las empresas y de los consumidores preferirán ser cautos con sus gastos (conservar el valor de opción de la espera), y esto debilitará aun más la economía.

En tercer lugar, si todas las reducciones impositivas y los programas de transferencia que están en vigencia se dejaran vencer sin prorrogar y se implementaran ajustes draconianos, el freno derivado del abismo fiscal restaría al crecimiento en 2013 el equivalente al 4,5% del PIB. Por supuesto que la reducción será mucho menor, porque los aumentos impositivos y los recortes serán mucho más moderados. Pero aun si el abismo fiscal termina siendo apenas un pequeño bache (no más del 0,5% del PIB) y a fin de año tuviéramos un crecimiento anual igual al 1,5% (como parece probable), el freno fiscal bastará para desacelerar la economía a velocidad de punto muerto, con una tasa de crecimiento de apenas el 1%.

En cuarto lugar, el crecimiento del consumo privado en los últimos trimestres no es reflejo de un aumento de los salarios reales (que en realidad, están en baja). Por el contrario, el aumento de la renta disponible (y por consiguiente, del consumo) se sostiene desde el año pasado gracias a otros 1,4 billones de dólares en reducciones impositivas y prórrogas de programas de transferencias, lo que implica otros 1,4 billones de dólares de deuda pública. A diferencia de la eurozona y del Reino Unido, que ya se encaminan a una recaída en la recesión (por las medidas de austeridad fiscal anticipadas), en Estados Unidos se evitó en parte el desapalancamiento de los hogares aumentando el apalancamiento del sector público (es decir, robándole al futuro algo de crecimiento).

A medida que en 2013 los programas de transferencias lleguen a término (sin importar cuán gradualmente ocurra) y no se prorroguen algunas exenciones impositivas, el crecimiento de la renta disponible y del consumo se reducirá. Entonces Estados Unidos enfrentará no solamente los efectos directos del freno fiscal sino también sus efectos indirectos sobre el gasto privado.

En quinto lugar, hay cuatro fuerzas externas que dificultarán todavía más el crecimiento de los Estados Unidos: el agravamiento de la crisis de la eurozona; el aterrizaje, cada vez menos suave, de China; la desaceleración generalizada de las economías de mercado emergentes, debida a factores cíclicos (insuficiente crecimiento en los países avanzados) y a causas estructurales (un modelo de capitalismo de Estado que reduce el potencial de crecimiento); y el riesgo de que en 2013 el petróleo se encarezca, cuando ni las negociaciones ni las sanciones convenzan a Irán de abandonar su programa nuclear.

Las respuestas políticas no alcanzarán para cortar de raíz la brusca detención de la economía estadounidense: incluso si el efecto del freno fiscal sobre el crecimiento fuera moderado, es probable que el dólar estadounidense se fortalezca, a medida que la crisis de la eurozona debilite el euro y reaparezca una aversión a riesgos global. Aunque este año la Reserva Federal de los Estados Unidos aumentará la flexibilización cuantitativa, esto no servirá de nada, porque las tasas de interés a largo plazo ya están en niveles muy bajos, y bajarlas más no estimulará el gasto. De hecho, el canal crediticio está congelado y la velocidad de circulación monetaria colapsó, porque los aumentos de la base monetaria se están acumulando en los bancos en la forma de excedentes de reservas. Además, es improbable que el dólar se debilite mientras otros países también implementan medidas de flexibilización cuantitativa.

Asimismo, lo más probable es que el lastre derivado de una reducción del crecimiento supere la fuerza ascendente que la mayor flexibilización cuantitativa puede ejercer sobre el valor de las acciones; sobre todo si se tiene en cuenta que las cotizaciones hoy no están tan deprimidas como lo estaban en 2009 o 2010. De hecho, la mejora en ganancias y beneficios ya está perdiendo fuerza, a medida que la falta de demanda incide sobre los ingresos brutos y eso se traslada a una reducción de los márgenes netos y la rentabilidad.

Puede incluso ocurrir que sea justamente una corrección importante de las cotizaciones la fuerza que en 2013 empuje la economía estadounidense directamente a la contracción. Y si Estados Unidos (que es todavía la mayor economía del mundo) empieza a estornudar otra vez, el resto del planeta (con su inmunidad debilitada por los malestares de Europa y la desaceleración de los países emergentes) se pescará una neumonía.

Nouriel Roubini, profesor de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y presidente de Roubini Global Economics, fue uno de los pocos economistas para predecir la reciente crisis financiera mundial.

FUENTE : PROJECT SYNDICATE

VERSION INGLES : http://www.project-syndicate.org/commentary/american-pie-in-the-sky





La crisis de legitimidad de las finanzas

26 07 2012

Por Simon Johnson

 

 

 

La reciente salida de Robert Diamond de Barclays es un punto de inflexión. Desde luego, ya había ocurrido antes que se hubiera obligado a abandonar su cargo a consejeros delegados de bancos importantes. Chuck Prince perdió su empleo en Citigroup por haber corrido riesgos excesivos en el período inmediatamente anterior a la crisis financiera de 2008 y, más recientemente, Oswald Grübel, de UBS, fue despedido por no haber impedido transacciones no autorizadas que ascendieron a 2.300 millones de dólares.

Pero Diamond era un banquero que supuestamente estaba en la cumbre del gremio. Se decía que Barclays había superado la crisis del período 2008-2009 sin haber contado con apoyo estatal y, aunque recientemente se había descubierto que su banco había violado diversas normas: entre otras cosas, por determinados productos vendidos a los consumidores y por cómo había notificado los tipos de interés, Diamond había logrado distanciarse de los daños resultantes.

Las crónicas periodísticas indican que los reguladores estaban dispuestos a conceder un salvoconducto a Diamond… hasta el momento en que hubo un súbito y grave contraataque político. Diamond empezó a contraatacar, a su vez, apuntando su dedo acusador al Banco de Inglaterra. En aquel momento, tuvo que abandonar.

Del fin de Diamond en Barclays se desprenden tres enseñanzas más generales.

En primer lugar, el contraataque político no procedió de simples diputados o espectadores carentes de información y marginales. Los políticos más importantes de todos los partidos del Reino Unido condenaron unánimemente las acciones de Barclays, en particular en relación con sus engaños sistémicos al informar sobre los tipos de interés, expuestos en el escándalo del Libor. (El “tipo de oferta interbancaria de Londres” es una referencia fundamental para los préstamos en todo el mundo, incluida la fijación de precios de los derivados).

De hecho, el ministro de Hacienda del Reino Unido, George Osborne, llegó hasta el extremo de decir: “Si el fraude es un delito en los negocios corrientes, ¿por qué no habría de serlo en la banca?” De ello se desprende claramente que en Barclays se cometió fraude: una afirmación grave de labios de un ministro de Hacienda de Gran Bretaña.

Después de cinco años de escándalos en gran escala en el sector financiero mundial, se está agotando la paciencia. Como dijo Eduardo Porter en The New York Times:

“Los mercados mayores permiten los fraudes mayores. Las empresas mayores, con balances más complejos, tienen más lugares en los que ocultarlos y los bancos, cuando llegan a ser demasiado grandes para que ningún gobierno permita su quiebra, tienen el incentivo mayor de todos”.

En segundo lugar, Diamond pareció pensar que podía enfrentarse al poder británico en su conjunto. Subordinados suyos filtraron el tenor de una conversación que afirmó haber mantenido con Paul Tucker, funcionario superior del Banco de Inglaterra, de la que parecía desprenderse que éste había dicho a Barclays que notificara cifras de tipos de interés inexactas.

Diamond olvidó, al parecer, que la continuidad de cualquier banco con un balance grande en comparación con la economía nacional –y su capacidad para conseguir beneficios para los accionistas– depende enteramente del mantenimiento de una buena relación con los reguladores. Barclays tiene unos activos totales de unos 2,5 billones de dólares –aproximadamente, el tamaño del PIB anual del Reino Unido– y ocupa entre el quinto y el octavo puesto –según cómo se valoren los balances– del mundo en importancia. Los bancos de esa escala se benefician de enormes garantías estatales implícitas; eso es lo que significa ser “demasiado grande para quebrar”.

Al parecer, Diamond se creyó su propia retórica: que su banco y él eran decisivos para la prosperidad económica del Reino Unido. Los reguladores no aceptaron su farol y lo obligaron a dimitir. Ante esa noticia, el precio de las acciones de Barclays subió ligeramente.

La enseñanza final que de ello se desprende es la de que los grandes enfrentamientos entre la democracia y los grandes banqueros están aún por llegar… tanto en los Estados Unidos como en la Europa continental. En la superficie, los bancos siguen siendo poderosos, pero su legitimidad sigue desmoronándose.

Jaime Dimon, consejero delegado de JP Morgan Chase, presidió este año decisiones arriesgadas del tenor de casi 6.000 millones de dólares (podríamos llamarlo un desastre de “tres Grübel”) y, sin embargo, su empleo parece seguir estando seguro. Dimon sigue incluso en el consejo de administración del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, pese a que ésta está profundamente implicada en la investigación no sólo de las pérdidas en transacciones de JP Morgan Chase, sino también de su posible participación en el escándalo del Líbor, que va en aumento.

Como Dennis Kelleher, presidente del grupo de impulsores Better Markets, documentó en un reciente testimonio ante el Congreso, dos años después de la aprobación de la legislación Dodd-Frank el sistema bancario de los EE.UU. sigue esforzándose mucho –y eficazmente– para socavar una reforma válida. (El testimonio de Kelleher es una evaluación de lectura imprescindible, como también su declaración inicial ante el Congreso.)

Pero, aun así, se están logrando avances. Dimon es el rostro público de la resistencia de los megabancos a las reformas, por lo que las repetidas ocasiones en que ha quedado en ridículo en público fortalecen a quienes quieren frenar los excesivos e irresponsables riesgos a los que se han expuesto dichos bancos.

Entretanto, la situación europea parece explosiva. El planteamiento de la reglamentación bancaria hecho por la Unión Europea alentó a las entidades financieras a cargarse de deuda estatal, activo supuestamente “carente de riesgo”. Ahora bien, dada la profunda crisis de la deuda soberana en la periferia de la zona del euro, las suspensiones de pagos estatales amenazan con acabar con los bancos grandes. El Banco Central Europeo ha facilitado mucha “liquidez” de emergencia a los bancos, que éstos utilizan para comprar más deuda estatal, lo que reduce sus tipos de interés a corto plazo, pero crea posibles pérdidas aún mayores en caso de una posible suspensión de pagos.

Los bancos y la política están profundamente imbricados en todas las economías avanzadas. Diamond descubrió que en última instancia los políticos vencen a los banqueros… al menos en el Reino Unido.

Pero lo que de verdad importa es la legitimidad y la opinión pública informada. ¿De verdad se sigue creyendo en la dudosa idea de que los megabancos, tal como están constituidos actualmente, son buenos para el resto del sector privado y, por tanto, para el crecimiento económico y la creación de empleo? ¿O se está empezando a considerar más en serio la idea, cada vez más generalizada, de que los megabancos mundiales y sus dirigentes han llegado a ser, sencillamente, demasiado poderosos y peligrosos?

Simon Johnson, ex economista jefe del FMI, es co-fundador de un blog de economía, http://BaselineScenario.com.

FUENTE : PROJECT SYNDICATE

VERSION INGLES : http://www.project-syndicate.org/commentary/finance-s-crisis-of-legitimacy





Estados Unidos carga con 100 millones de pobres

26 07 2012

 

Cada día más los estadounidenses caen en la pobreza. Este fondo debe alarmar y no importa de qué partido político  perteneces  y no importa  que  filosofía económica personal eres. En este momento, aproximadamente 100 millones de estadounidenses son “pobres” o “casi pobres”. Para mucha gente la “pobreza” puede ser un concepto nebuloso, así que vamos a definir. El nivel de pobreza definido por el gobierno federal en 2010 fue de $ 11.139 para una persona y $ 22.314 para una familia de cuatro. ¿Podrías cuidar de una familia de cuatro con menos de $ 2000 al mes? Millones y millones de familias están experimentando una enorme cantidad de dolor en esta economía, y no importa qué “soluciones”, creemos que son correctos, la realidad es que todos debemos tener compasión de ellos. Lamentablemente, las cosas se van a poner aún peor. La próxima gran crisis económica se está acercando rápidamente, y cuando llegue a las estadísticas publicadas a continuación se va a ver aún más horrenda.

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Alternancia sin alternativa: ¿Un año de Humala o veinte años de un sistema?

26 07 2012

Por Alberto Vergara
Argumentos me pide un texto sobre el primer año de gobierno de Ollanta Humala, y, sin embargo, lo primero que me pregunto es ¿tiene Ollanta Humala alguna importancia para lo que sucede hoy en el Perú? ¿No habría, más bien, que escribir sobre este pétreo sistema político, económico, cultural, que se apresta a cumplir veinte años en el país, y al que le da exactamente igual si los gobernantes son democráticos o autoritarios, exaltados o tímidos, expertos o novatos, con partido o sin partido? Engels escribió alguna vez que la historia de Europa sería exactamente igual si no hubiera existido Napoleón. Yo siempre me he resistido a tan salvaje determinismo, y, sin embargo, a veces pienso que el Perú contemporáneo me está convirtiendo a cocachos a la cofradía determinista. Que si lo manda el destino, no lo cambia ni el más bravo. Pero luego respiro, y me repito lo que no podemos perder de vista: Humala no es Napoleón. Y que antes que examinar voluntades, en el Perú toca escudriñar capacidades.

En este artículo me pregunto por la política contemporánea en el Perú, donde casi todo se nos aparece como un largo déjà vu, donde el sistema político parece haberse independizado de toda fuerza social (individual o colectiva), donde se pasa suavecito del “cambio responsable” de García a la “gran transformación sin sobresaltos” de Humala, donde ir a votar parece cada vez más una pantomima sin consecuencias y donde, en fin, la alternancia electoral no cumple con su etimológico papel de alterar nada sustancial. ¿En qué consiste esta alternancia sin alternativa?, ¿de dónde extrae la fuerza para reproducirse?, ¿está destinada a reproducirse al infinito?

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La crisis financiera y el comercio

26 07 2012

Por Umberto Mazzei

 

La crisis actual no es una crisis del comercio ni de la producción de bienes o servicios. La crisis es del sector financiero y su causa es de naturaleza ideológica: la distorsión de las ideas del liberalismo clásico. El liberalismo admitía la naturaleza egoísta del empresario como un motor de movimiento económico, pero con normas que lo encausen. El célebre « laissez faire, laissez passer» se refería sólo a las aduanas y al flujo de mercancías.

En Bretón Woods se acordó adoptar el Dólar como moneda de referencia internacional, pero respaldado en un patrón oro de $35/onza. Ese acuerdo fue renegado por Estados Unidos  en 1971, año en que dejó de exportar el petróleo que equilibraba su balanza comercial. Eso fue técnicamente un »default » sobre sus deuda – algo que escandaliza cuando lo hacen otros- y desde entonces comenzó la emisión de dólares inorgánicos para cubrir una balanza comercial deficitaria.

Esa distribución de dinero sin fondos fue creando una masa monetaria gigante que circulaba entre centros financieros con cifras mayores y en un circuito distinto al de la producción y el comercio. Peter Drucker escribió en 1986 un ensayo sobre ese fenómeno (The Changing World Economy). La gradual eliminación de normas que restringían la actividad bancaria y financiera  creó una situación económica mundial que divide la economía de mercado en dos mundos económicos: el de la economía real y el de la economía especulativa.

La economía real es socialmente positiva, porque a medida que crece reparte beneficios a todos los actores. Esa economía se basa en la producción de bienes y servicios que se distribuyen con el comercio y cuyas finanzas guardan una relación con el ahorro.

La economía especulativa es socialmente negativa. Sus actores suelen ser empresas apátridas, sin vínculos sociales. La base es financiera, con la emisión de valores sin respaldo que se comercian entre las plazas financieras, su principal actividad es la manipulación de futuros y su único móvil es la ganancia a corto plazo, que no es distribuida ni puede ser absorbida en la economía real.

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Capitalismo tardío y neoliberalismo

26 07 2012

 

Michel Husson y Francisco Louça

El mundo se hunde en la segunda Gran Depresión de su historia moderna. La crisis financiera provocada por las hipotecas subprime desencadenó una recesión global en 2009 y una nueva recesión comienza en Europa en 2012. A través de este proceso, está en curso una recomposición sustancial del régimen social de acumulación.

Aunque el concepto de crisis es sin duda ambiguo, suelen asociársele tres significados: una crisis periódica, una crisis de regulación y una crisis sistémica. El período actual puede ser descrito como una crisis de regulación, pero también como una crisis sistémica. Este artículo pretende abordar la actual fase de la onda larga del capitalismo tardío.

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Crisis, Financiarizacion de la economía y modelo productivo

26 07 2012

Por Manuel Gari

 

En los últimos meses, miles de analistas en todo el mundo han dedicado la mayor parte de su tiempo a explicar las causas de la crisis financiera internacional y a proponer fórmulas mágicas para enfrentarla.

Sin embargo, la mayoría se centra en dos explicaciones principales: por un lado, que la culpa es de unos banqueros ‘sinvergüenzas’ que escondieron la información adecuada e hicieron creer falsamente a los inversionistas que los valores, que tenían en acciones o en bonos, eran altísimos; cuando en realidad se trataba de ‘títulos basura’ sin el respaldo suficiente.

De otra parte, expertos como el Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, insisten en que las políticas fallaron y que hubo mucha desregulación, lo que debilitó los controles al sistema financiero, de tal manera que con el escaso control no pudieron alertar a tiempo que las entidades estaban malsanas, y continuaban captando recursos privados y públicos a un hueco sin fondo.
La falta de regulación y la ola de privatizaciones a ultranza, principalmente en la década de 1990, llevaron a dejar en manos de las empresas privadas una gran cantidad de funciones y de procedimientos del Estado sin control del mismo. Es decir, que el exceso de privatización y de desregulación llevaron al debilitamiento del Estado. Presentamos un trabajo de Manuel Gari, nos ayuda a tener una mejor comprension de la crisis economica.

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