Por Maria Stella Svampa
El Consenso de los Commodities subraya el ingreso de América Latina
en un nuevo orden económico y político-ideológico, sostenido por el
boom de los precios internacionales de las materias primas y los bienes de
consumo demandados cada vez más por los países centrales y las potencias
emergentes. Este orden va consolidando un estilo de desarrollo neoextractivista que genera ventajas comparativas, visibles en el crecimiento económico, al tiempo que produce nuevas asimetrías y conflictos sociales, económicos, ambientales y político-culturales.
Tal conflictividad marca la apertura de un nuevo ciclo de luchas, centrado
en la defensa del territorio y del ambiente, así como en la discusión sobre los
modelos de desarrollo y las fronteras mismas de la democracia.
En el último decenio, América Latina realizó el pasaje del Consenso de Washington, asentado sobre la valorización financiera, al Consenso de los
Commodities, basado en la exportación de bienes primarios en gran escala. En este artículo utilizamos el concepto de commodities en un sentido amplio, como «productos indiferenciados cuyos precios se fijan internacionalmente», o como «productos de fabricación, disponibilidad y demanda mundial, que tienen un rango de precios internacional y no requieren tecnología avanzada para su fabricación y procesamiento»
Ambas definiciones incluyen desde materias primas a granel hasta productos semielaborados o industriales. Para el caso de América Latina, la demanda de
commodities está concentrada en productos alimentarios, como el maíz, la soja y el trigo, así como en hidrocarburos (gas y petróleo), metales y minerales (cobre, oro, plata, estaño, bauxita, zinc, entre otros)
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