
Desde el ajuste estructural de 1990 el Perú sigue un modelo de desarrollo económico capitalista de clara orientación neoliberal.
Dentro de América Latina, este neoliberalismo peruano es el que aplica de manera más radical la idea de que los mercados deben funcionar sin intervención del Estado, y que este último debe limitarse a resguardar el orden público y la propiedad privada.
Es la doctrina de Reagan y Thatcher que privatizó empresas públicas y desreguló mercados, que inspiró el “Consenso de Washington” y que luego invadió América Latina bajo presión del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.
Pero el modelo actual también tiene mucho en común con modelos peruanos anteriores, desde fines del siglo XIX, al estar basado principalmente en la exportación de materias primas como fundamento del crecimiento. Esta economía centralista y primario-exportadora no se alteró significativamente salvo con las reformas del General Velasco, cuando se aplicó un modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) de manera tardía con respecto al resto de América Latina, cuando ya las condiciones mundiales para el éxito de este modelo no eran las más adecuadas.
El modelo neoliberal ha traído la apertura de los mercados, apostando por la liberalización comercial, financiera y laboral.
Ha habido crecimiento económico en estos años, pero no ha sido un crecimiento particularmente saludable para nuestra sociedad ni ha reducido la desigualdad persistente entre peruanos y entre regiones. No ha sido resultado de una transformación productiva, sino de factores externos y coyunturales como los altos precios de los minerales y de ciertas condiciones favorables de financiamiento.
En conjunto, este modelo de crecimiento es insostenible para nuestra sociedad porque, para favorecer una mal entendida “competitividad”, ha sacrificado condiciones básicas para el desarrollo humano. El desarrollo significa, sobre todo, derechos y progreso social y, sin embargo, la educación y la salud han sido descuidadas, los trabajadores no pueden sindicalizarse porque son despedidos, y el capital nacional y las empresas peruanas frecuentemente se encuentran en desventaja frente a sus competidores foráneos.
Nuestra marcha económica es demasiado vulnerable a cambios en los mercados internacionales. Tenemos una economía dolarizada que soportó golpes recientes pero puede sucumbir ante futuros vaivenes de la economía internacional. Finalmente, es una economía desnacionalizada, dominada por el capital extranjero.
Además de una liberalización a toda costa, el crecimiento económico se ha basado en la explotación de minerales, petróleo, pesca y bosques que ha producido deterioro ambiental y conflictos sociales. En nuestra economía reprimarizada, la industria sigue siendo pequeña y el sector privilegiado, la minería, crea pocos empleos. En efecto, en 1950 el valor agregado bruto de los sectores primarios (agricultura, minería, hidrocarburos, pesca y las actividades industriales conexas) era el 19,7% del PBI, cifra que es casi igual a la del 2008 ( 18.6 % )
Durante 2009, el Presidente García anunciaba con triunfalismo que nuestro país resistía exitosamente los efectos de la crisis internacional que empezó en 2008. Sin embargo, a pesar de haber soportado sus embates algo más exitosamente que otros países latinoamericanos, ya hay señales claras de que con el modelo neoliberal y primario-exportador vigente los peruanos no podemos estar blindados ante los shocks externos. La pobreza, por ejemplo, habría aumentado de 36.2% de la población en 2008 a 37.8% en 2009 (según cifras de la Cámara de Comercio de Lima). Y también está aumentando el déficit calórico de las familias peruanas (su incidencia total subió de 27.2% en 2007 a 30.9% en 2008). Es indudable que nuestra seguridad alimentaria es especialmente vulnerable a shocks en el precio internacional de los alimentos. Más aún, cada vez hay más señales que muestran que el modelo neoliberal se agota y que, ante la persistente ausencia del Estado en sectores clave, estamos perdiendo el control sobre el curso de nuestro desarrollo económico.
Editor del Norte
FUENTE : La Otra Mirada
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