
Por Marco Antonio Moreno.
Aunque el mercado del trabajo es uno de los problemas centrales que enfrenta cualquier sociedad, la teoría económica dominante toma al mercado del trabajo igual que el mercado de los tomates, como lo hacía hace 200 años. Y pese a que con frecuencia el mercado del trabajo conlleva a una situación en la cual no sólo se dilapidan recursos humanos conducentes al descalabro social (en el cual toda la creatividad se ve colapsada), la teoría económica considera al mercado del trabajo un simple mercado más dentro del contexto de su equilibrio general. Y por la teoría del equilibrio general walrasiano, ya sabemos que los desequilibrios económicos son inexistentes o, a lo sumo, levemente transitorios. Esta transitoriedad depende, desde los tiempos de Aristóteles, del ciclo económico dado por el auge en el período de las cosechas y el declive en el de la siembra. Aparte de este desempleo cíclico, no existe otra forma de desempleo de acuerdo a la corriente dominante de la economía, y a su carta magna: el equilibrio general walrasiano. Para esta carta magna, todos los desequilibrios son transitorios dado que se resuelven automáticamente por la vía de los precios, como indica la gráfica de la izquierda.
Puede parecer increíble, pero a lo largo de 230 años de teoría económica, el mercado del trabajo es analizado igual que cualquier otro producto, igual que el mercado de las papas o los tomates. Si en el mercado de arquitectos hay un exceso de oferta de arquitectos es sólo cosa de bajar el salario de los arquitectos para equilibrar el mercado de arquitectos (gráfica de la derecha). Para toda la corriente de la economía clásica y neoclásica, el mercado del trabajo se rige igual que cualquier producto. Si hay exceso de oferta de trabajo, los salarios reales deben ir a la baja, y si hay exceso de demanda, deben ir al alza, como ocurre con cualquier bien, sean tomates o lechugas. Es tan poco lo que importa el tema del empleo a la teoría económica aplicada en la vida real, que siempre se deja en manos del mercado. Una de las pruebas de la poca importancia que se le da al tema del empleo, lo ejemplifica rotundamente la Academia Sueca con el Premio Nobel de Economía. Sólo el año 2010 consideró oportuno destacar el trabajo que tres economistas realizaron, hace cuarenta años (en 1970), sobre el tema del desempleo y las fricciones reales que impiden los ajustes automáticos que plantea las teoría económica convencional. Cuatro décadas debieron transcurrir para que se aceptara que el mercado del trabajo no es igual al mercado de las papas, y que sus desequilibrios son persistentes. La teoría ha negado un hecho muy importante y es que el desempleo se puede prolongar hasta el infinito. CONTINUA…
Grupo Editor del Norte.
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