Haití : Limpiando las miserias del sistema

19 01 2010

Siempre que sucede catástrofes como Haití, no falta ignorantes y apocalípticas expresiones como las del evangelista Robertson “Haití está maldito por llegar a un pacto con el demonio” durante su historia. En pleno siglo XXI , la religión jugando su papel de manipulación y miedo , ocultando  las verdaderas razones  científicas  y sociales de un proceso natural… Porque se producen  los terremotos?

De acuerdo a la opinión de un sismólogo es algo relativamente común” “un minuto en un temblor de este tipo es mucho tiempo. La sacudida que se ha producido en Puerto Príncipe es suficiente para producir daños incluso en casas bien construidas, pero si no están preparadas para este tipo de sacudidas, los efectos son devastadores” “ha sido un terremoto superficial, a unos 10 kilómetros de profundidad y según la sismicidad que hay, se considera superficial. Los terremotos puedes ocurrir hasta 650 kilómetros de profundidad, aproximadamente”.

Entornos locales aparte, la naturaleza en el planeta es la misma para todos; lo diferente son las tragedias a que puede dar lugar. Lo primero es resultado de la historia natural, de la evolución que precedió a la existencia humana y que transcurre independientemente de la voluntad; mientras lo segundo se deriva de procesos históricos y de circunstancias que determinan la vulnerabilidad social. Si bien, ciertos recursos naturales están desigualmente repartidos y unos climas son más benignos que otros, se trata de circunstancias secundarias que no explican tales contrastes. Obviamente Suiza no está mejor dotada por la naturaleza que Brasil, Gran Bretaña no es más rica que Venezuela o Angola y el clima de Noruega no determina su posición económica y social respecto a Sudáfrica. Las causas de la pobreza y el subdesarrollo no son naturales sino sociales, principalmente políticas. La vulnerabilidad frente a impresionantes fuerzas naturales y la capacidad para prevalecer frente a ellas, fue el principal motor del progreso. El hombre no se adaptó pasivamente al medio sino que interactuó con la naturaleza y encontró en ella los recursos para satisfacer todas sus necesidades, proceso en el cual nació la más decisiva y sublime de las capacidades humanas: el trabajo y las habilidades para crear herramientas. En esa compleja relación se perfiló la condición humana, floreció la cultura, se constituyó la espiritualidad y nacieron la ciencia y la conciencia. Lo que resulta realmente estremecedor es que a diez mil años de civilización, la humanidad no haya encontrado las fórmulas para convivir. Lo peor del mundo de hoy no son los terremotos o las lluvias torrenciales, sino la injusticia social, la pobreza y la incapacidad para reaccionar frente a eventos de elevado perfil. (1)

Haití ; País del Caribe ubicado en la parte occidental de la isla Ayti, entre el Mar Caribe y Océano Atlántico Norte, limitando, al este con la República Dominicana.

Con una población de 9,8 millones de habitantes, Haití es hoy día la nación más pobre de América Latina. 85% de su población vive estado de pobreza, 55% en extrema pobreza . Según un análisis del PNUD, “la aceleración de la degradación socioeconómica lo pone… en una situación de crisis humanitaria abierta equiparable a la de un desastre natural o un conflicto armado”. Estos datos y comentarios de la fuente son antes del terremoto de 7.3 en la escala de Richter, que ha destruido la capital de  Haití , Puerto Príncipe , datos conmovedores de  muertes y damnificados.

Las noticias han recorrido el mundo ante la magnitud del desastre , EE.UU. y los demás Países se prestan a la ayuda humanitaria correspondiente. Para quien días atrás era “ nadie “ en la escala de valores del sistema  capitalista mundial.

Desde 1804 al presente, del total de los Jefes de Estado que han gobernado Haití, sólo seis presidentes han concluido normalmente sus mandatos: dos durante el siglo XIX y cuatro durante el siglo XX. De éstos últimos, tres fueron elegidos durante el período de la ocupación estadounidense (1915-1932), mientras que el restante es el actual presidente René Préval que concluyó su mandato completo durante su primer turno gubernamental (1996-2001).

El primer presidente en completar su mandato fue un militar, el general Nissage Saget, que gobernó entre 1870 y 1874, mientras que el primer civil en finalizar su periodo constitucional fue Sudre Dartiguenave, entre agosto de 1915 y abril de 1922 durante la ocupación estadounidense.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.
La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo. (2)

Es decir Política, económica y socialmente Haití ha vivido por décadas  un desastre  como  País, que hoy el mundo se entera ante el  fenómeno natural.  Quizás por eso se siente  vergüenza de lo sucedido con Haití,  al ver las imágenes  televisivas . La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone  el mismo sistema que lo genera. El mundo  ha despertado en pesadilla, mirando perplejo como el sistema va limpiando sus miserias. Miles de cadáveres arrojados en fosas comunes, escenas dantescas, prueba del poco valor que tiene el  sistema Capitalista  del  ser humano  pobre y miserable, sobre todo del País más subyugado de América Latina. El resto es hipocresía y circo.

Editor del Norte

Nota

1-Apuntes de Escritorio

2-Apuntes de Escritorio





La doble maldición de Haití

16 01 2010

«A la muerte le gustan los pobres», decía Le Monde diplomatique en febrero de 2005 tras el tsunami que acababa de golpear a Indonesia, las costas de Sri Lanka, el sur de la India y Tailandia (1). Es muy pronto para hacer balance del terremoto de 7 grados en la escala Ritcher que ha arrasado el país más pobre de América Latina, Haití, el 12 de enero. Pero se puede temer lo peor. Ahora se trata, urgentemente, de buscar y rescatar a las víctimas, llevar asistencia sanitaria a los supervivientes, habilitar refugios, proporcionar alimentos y agua y evitar las epidemias. La solidaridad internacional y la ayuda humanitaria de todos, de la ONU a Estados Unidos pasando por la Unión Europea -especialmente Francia, que no puede desentenderse de su deuda histórica con la isla- o América Latina, se moviliza según (o no) sus posibilidades.

Otra vez el seísmo golpea una región del globo poco respetada por los fenómenos naturales. En 2008, Haití ya sufrió el infierno de cuatro huracanes tropicales –Ike, Anna, Gustav y Fay-. No se pueden comparar con este terremoto, obviamente tan imprevisible como imprevisto, difícil de anticipar. Sin embargo, surge la primera pregunta: ¿Por qué durante esos huracanes, que las arrasan de la misma forma (con consecuencias económicas desastrosas), en Haití hubo que lamentar setecientas noventa y tres muertes y «sólo» cuatro en Cuba? Como un efecto de lupa, las catástrofes ponen de manifiesto el estado «real» de las sociedades.

Una vez pasado el choque inicial y la conmoción, los gobiernos, ONG, instituciones internacionales y medios de comunicación se dedicarán, todos a una, al tema de la «reconstrucción». Si es que se puede emplear el término «reconstruir» en un país que carece de todo.

Pero, ¿de qué reconstrucción hablarán? Después del huracán Micht, que en octubre y noviembre de 1998 se cobró casi diez mil vidas y cientos de miles de damnificados en América central, los movimientos sociales avanzaron la idea de vincularla a un nuevo tipo de desarrollo destinado a reducir la vulnerabilidad social. El tiempo se ha encargado de demostrar que desde entonces no se ha hecho nada en ese sentido. El único intento, emprendido mucho después por el presidente hondureño Manuel Zelaya, acabó por el golpe de Estado del 28 de junio de 2009…

A una clase política haitiana amenazada por el espectro de la autodestrucción, y que no está exenta de responsabilidad en el estado calamitoso del país, ¿quién le va a leer la cartilla? ¿Las instituciones financieras internacionales que han demorado el proceso de anulación de la deuda a pesar de los problemas a los que ya se enfrenta la población? ¿Washington, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo, etcétera? ¿Los países denominados «amigos» que cínicamente han empujado al descenso a los infiernos a la sociedad haitiana?

Desde 1984, el FMI obligó a Puerto Príncipe a liberalizar su mercado. Los escasos y últimos servicios públicos se privatizaron negando el acceso a ellos a los más necesitados. En 1970, Haití producía el 90% de los alimentos que consumía, actualmente importa el 55%. El arroz estadounidense subvencionado ha matado la producción local. En agosto y septiembre de 2008, el estallido de los precios alimentarios mundiales hizo que aumentaran su precio el 50%, lo que dio origen a los «motines del hambre».

Un cataclismo natural se puede imputar a la fatalidad. El vergonzoso e insoportable empobrecimiento de las poblaciones urbanas y rurales de Haití, no.

AUTOR :  Maurice Lemoine

FUENTE : Le Monde Diplomatique





Los pecados de Haití

16 01 2010

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:

-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:

-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.

En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado… de artistas.

En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene ”una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización”. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: ”Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses”.

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: ”El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.

En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: ”Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas”. Más generosamente, otro
contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro ”puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras”.
La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.

La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.

AUTOR : EDUARDO GALEANO

FUENTE :
Tomado de:
Brecha 556, Montevideo, 26 de julio de 1996.





La calamidad en blanco y negro

16 01 2010

A la isla llegó el olvido antes que la muerte, pero claro, la muerte fue puntual y con su puño de Dios en nombre de la naturaleza arrasó los escombros de miseria y no quedó piedra sobre piedra de lo que fue Haití, el primer país libre del hemisferio y el que abolió la esclavitud además de ser la base desde donde nuestros próceres se protegieron y luego lucharon contra la élite de los illuminatis comandados por ingleses, portugueses, franceses y españoles.

Hoy es el pueblo más empobrecido del hemisferio, un pueblo clavado en el centro del mar, envuelto en las olas inmisericordes de la angustia y el dolor de la espantosa miseria, un pueblo sin petróleo y por supuesto sin los ojos de Estados Unidos que huele el subsuelo para agenciarse de lo que Haití produzca:

Pero Haití lo único que produce es una lástima que corre el sentimiento de culpa, cuando vemos por los pantallas espectaculares de CNN, y su afán de sangre de última hora.

Desde el regreso a la supuesta democracia a Haití, desde que las armas se hundieron en lodo americano de la represión y abarcaron la vida de refugiados permanentes en las calles de Puerto Príncipe, Haití es un país vagabundo, anda de esquina en esquina buscando un pedazo de pan y democracia, en medio de los perros de caza de unas fuerzas paramilitares de derecha que siguen armadas. Una economía paralizada por los milicos que hace temblar aun más las pocas inversiones locales, dejando así un paisaje desolador de desempleo, y una crisis cruel de altos precios en la economía familiar.

Un Estado corrupto y podrido, los conflictos dentro de los pasillos dorados del gobierno de Estados Unidos en cuanto a los asuntos haitianos detienen la asistencia prometida. Y se constata un aparente desinterés de muchos donantes internacionales en dar prioridad a los gritos de los haitianos.

Desde el fin de los gorilas monarcas de los Duvalier *en 1986 se fueron agudizando mas los problemas que trajo la democracia mercantil importada de Occidente, más los poderes locales en Haití; una pandilla de forajidos compuesta por grandes terratenientes, funcionarios gubernamentales y el aparato de seguridad que los protege (soldados, han utilizado las armas y el control del sistema estatal para apoderarse de las tierras de los campesinos). Durante los 30 años de la dictadura de los Duvalier, a medida que se iba concentrando la tenencia de las tierras en manos de unos pocos, se iba incrementando el número de campesinos expulsados de sus propias tierras, forzados a endeudarse y a trabajar la tierra de otros o a incrementar las filas de los que en Puerto Príncipe buscan un trabajo por 1 dólar al día en alguna maquiladora multinacional.

La crisis ambiental que sufre Haití aumenta la presión por la tierra. Solamente entre el 1 3% de las tierras de Haití gozan de cobertura forestal. La erosión del suelo reduce cada vez más la producción de alimentos para una población en rápido crecimiento.

A principios del siglo XIX uno de los primeros actos de Toussaint Louverture, en la recientemente independizada Haití, fue nacionalizar toda la tierra productiva del país. Después de su arresto y extradición a Francia, Jean Jacques Dessalines ordenó un programa minucioso de redistribución de la tierra. Dos de los más famosos líderes campesinos, Goman y Accau, organizaron movimientos campesinos exigiendo una reforma agraria. El movimiento de los Cacos, de 1915 a 1919, estaba compuesto por campesinos desposeídos, muchos de los cuales habían sido despojados de sus tierras por los marines de Estados Unidos.

Después de la expulsión de Jean Claude Duvalier en 1986, una de las principales reivindicaciones del movimiento popular democrático fue la recuperación de las tierras expropiadas y la reforma del sistema de tenencia de la tierra.

El movimiento por la reforma agraria en Haití ha sido sistemática y violentamente aplastado. Uno de los más violentos ejemplos luego de la partida de Duvalier se dio en Jean Rabel en julio de 1987: un grupo de tonton macoutes respaldado por terratenientes locales masacró a 300 personas, miembros de una asociación campesina que pedía la devolución de las tierras que les habían sido robadas.

Un pasado bañado en sangre y olvido, dolor y hambre, ha tenido esta isla, lo que vino hacer la naturaleza endiabla y sin piedad fue a desnudar nuestras miserias de seres humanos, que hemos vivido hartándonos banquetes burgueses y poniéndonos nostálgicos frente al Internet, como si la pobreza solo existiera en el Google, esa es nuestra miseria, y más grande la miseria moral de Estados Unidos que sólo se refugia en los brazos del oro robado de las arcas del petróleo.

Hoy Haití es un ala tirada al mar, rota y abandonada, mientras llegan los marines a terminar con los últimos escombros que quedan.

AUTOR :  ALLAN MCDONALD

FUENTE : REBELION








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